sábado, 4 de febrero de 2012

El viaje a Madrid fue mas aburrido de lo que esperaba. Álvaro se paso todo el trayecto durmiendo y yo me sumergí en Los pilares de la tierra, un gran libro en todos los sentidos.

Tras aterrizar, recoger el equipaje y entrar al taxi Álvaro seguía sin hablar. Llegamos al destino, me bajé del coche, me despedí de el y no volvimos a vernos hasta el día de regreso.

A las 10 de la noche debíamos estar en el aeropuerto, por lo cual me levanté sin prisas, me vestí y bajé a comprar el periódico.

Para mi sorpresa y alegría, Álvaro me esperaba en el portal, tal y como lo había hecho tiempo atrás pero con una mirada totalmente diferente.

Me dio un beso en la mejilla, cogió mi mano y empezó a caminar lentamente hacía ese parque natural que tanto anhelaba, era el silencio más cómodo que había sentido.

Al llegar al parque nos sentamos en un banco me miró y empezó a hablar:

-Te prometí que haría de tu viaje algo divertido, pero no se hacerlo mejor.
-Lo estas haciendo muy bien, cielo. Echaba esto de menos ¿Sabes?

-Yo también te echaba de menos, pequeña.

-No me refería a ti, imbécil. Me refería al parque, a mi familia a…esto- Señalé alrededor con los brazos intentando abracarlo todo.

-Eres una jode momentos, tronca. Dime al menos que me has echado de menos, aunque sea poco.

-Te e echado de menos.

-Gracias- dijo con su tono más cortante.

-Álvaro, te e echado de menos.

-Ya.

-Mírame, imbécil- cogí su cara y la giré hacia mi, sus ojos miraron los míos y…no pude evitar besarlo- Te e echado de menos, cada día, cada noche que me acostaba pensando que querías olvidarme.

-No deberías haberme besado- me dijo en un extraño tono- Ahora necesitare que lo hagas a menudo. Que coño- me abrazó- no volveré a soltarte nunca más.
Y así pasamos el día, entre besos, abrazos y sonrisas, sin pensar en nadie, solo el y yo y todos los meses vacíos de sentimiento que queríamos recuperar. Se hizo de noche y cuándo quisimos darnos cuenta nuestro avión ya estaba rumbo a Barcelona.

-No te preocupes, pequeña, esto tiene una solución muy sencilla.

Acto seguido llamó a Aranzazu para decirla que necesitábamos quedarnos un par de días más, esta se lo diría a Martín y ya esta, problema resuelto.

-Álvaro, ¿Qué estamos haciendo? Tenemos pareja, esto no está bien, joder.

-Estamos siendo felices, eso estamos haciendo. Cuando volvamos a casa la diré a Aran que no puedo seguir con ella. Tu…eres libre, podrás decidir con quien estar.

-Creo que está muy claro con quien quiero estar.

Más besos, más abrazos. Esa fue la primera vez que dormimos juntos en una cama. La primera vez que hicimos el amor, libres, locos, enamorados…decididos por fin a ser felices.

Tras dos días maravillosos que guardo entre mis mejores recuerdos volvimos a Barcelona. Martín vino a recogernos al aeropuerto ya que tenían que decirnos algo muy importante, por lo cual, nuestras respectivas rupturas quedaban aplazadas a un momento de intimidad con nuestras respectivas parejas.

Al llegar a casa de Martín, Aranzazu estaba allí esperando con un par de botellas del mejor champán.

-Esto es para brindar por vuestro regreso, os hemos echado de menos- dijo Martín llenando tres copas con champán. Algo no iba bien, pero…¿Qué era?

-¿Has dejado el alcohol?- Preguntó Álvaro, extrañado de que su novia no estuviera ya con una copa en la mano.

-Si, no es bueno para mi.

Silencio, sabía que se avecinaba algo pero no era capaz de averiguarlo. Mi intuición tenía la costumbre de fallar en los momentos menos indicados.

-Por solidaridad tu también deberías dejarlo, amigo

Martín estaba de mejor humor que nunca. Yo, aun sabiendo que podía estropear un buen momento no pude contenerme más, por fin la respuesta vino a mi cabeza.

-Aranzazu…Tu…no puede ser. No. Es imposible.

-Chica, lo dices como si no te alegrara, ¿No vas a darme un abrazo?

Y volvió el bloqueo, era imposible. Eso era lo que mi cabeza repetía cada segundo. Esto no podía estar pasando. Maldito karma…

-Vale, venga, ¿Qué es lo que me he perdido?- Pregunto Álvaro, con un enfado inusual en el, como si su paciencia hubiera desaparecido por completo.

Fui yo quien respondió, casi sin palabras, sin fuerzas en la voz:

-Aranzazu está embarazada.

-Pero…enton…pero…voy a ser…JODER, ¡Voy a tener un hijo!

Se fue hacía su novia, la abrazó y en ese momento se quebraron todas mis ilusiones. Me miró como si nunca hubiera existido para el, borrando cada recuerdo de los últimos días, cada promesa. Todo.

Martín me abrazó, divertido, equivocándose por completo:

-No te preocupes, Somni. Tendremos uno cuándo estés preparada.